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Los efectos del modelo de reconstrucción en la zona rural de Talca

a. Damnificados sin subsidio

Tanto por la mala calidad de la información del gobierno a los damnificados de zonas rurales, como por las inhabilidades que el Ministerio de Vivienda ha generado para postular  a un subsidio, muchas familias damnificadas no tendrán posibilidad de ser apoyadas por el Estado. Esto significa, en el caso de las familias de menores recursos, que sus niveles de vulnerabilidad se incrementarán y con suerte podrán optar a una solución habitacional allí donde le mercado inmobiliario se las ofrezca.

b. La ruralidad fuera del Mercado

La demanda de los damnificados en zonas rurales difícilmente va a ser atendida completa y satisfactoriamente. La zona rural no representa una inversión atractiva para EGIS y empresas constructoras, debido a la dificultad en la captación y a la dispersión de la demanda, las dificultades de acceso y comunicación, la desinformación. ¿Cuál es la alternativa para ser atendidos? Básicamente la aglomeración de casos, lo que implica una presión para conformar nuevos villorrios o para trasladarse a zonas más próximas a las ciudades o directamente a sus periferias.

c. Falta de pertinencia ecológica y cultural

En los casos en que los damnificados rurales han sido atendidos por la oferta del mercado queda meridianamente claro que la poca pertinencia ecológica e identitaria de la oferta habitacional pre terremoto continuará y se incrementará, sobre todo por la instalación masiva de viviendas pre fabricadas las que, como se ha dicho, poco tienen que ver con el tipo de uso que los habitantes rurales dan a las viviendas, ni menos con las dimensiones de las viviendas anteriores.

d. Migración campo – ciudad

Los damnificados “sin tierra” tienen como opción la de migrar a las ciudades, engrosando el cordón periférico y más marginal de la segregación urbana, y acelerando la migración campo-ciudad que según la OIM sigue plenamente vigente en el Maule, a diferencia de lo percibido en otras regiones. De hecho, el fenómeno es tan importante, que algunos han situado a la región dentro del “núcleo duro de expulsión”, conformado por muchas regiones del centro-sur del país afectadas por el terremoto (VII, VIII y IX) (OIM 2010).

e. Pérdida de activos y más vulnerabilidad

En todos los casos de damnificados analizados se prevé una pérdida importante de activos, especialmente de localización y vivienda. La localización permitía a las familias cercanía con sus fuentes laborales y sus redes de apoyo, tanto familiares como amicales. Existe también una dimensión identitaria en la localización vinculada con el amor al terruño, a lo propio, donde se encuentran las certezas vitales. La vivienda, por otro lado, constituye un patrimonio que cumple diversas funciones: habitación, socialización y funciones productivas. Las familias que perdieron sus viviendas y no tienen derecho a subsidio  irán a engrosar los números de hacinamiento, mientras aquellas que optarán a una solución de los programas de reconstrucción, verán disminuida la dimensión de su vivienda y transformadas su materialidad y características climáticas. Esta perdida de activos promoverá una mayor vulnerabilidad y muy probablemente hará aumentar los niveles de pobreza existentes antes del terremoto.

f. La ruralidad más precarizada

Pos terremoto el modelo de reconstrucción y sus efectos están reproduciendo la precariedad rural que describimos al inicio. En términos de despoblamiento el modelo presiona para concentrar la demanda por vivienda en villorrios o en las zonas periféricas de las ciudades y pueblos cercanos. En términos de la concentración de la tierra, el terremoto y las dificultades para reconstruir una vivienda, serán para muchas un aliciente para vender sus propiedades y migrar hacia la ciudad “buscando más oportunidades para sus hijos e hijas”. La perdida de activos, especialmente la vivienda y la pérdida de redes sociales, traerá mayores niveles de vulnerabilidad en las familias rurales, tanto en aquellas que serán expulsadas como en aquellas que se quedarán. Despoblamiento, concentración de la tierra y aumento de la vulnerabilidad, actuando en conjunto, reproducirán e incrementarán la precariedad de la vida en lo rural, perpetuando y acelerando una espiral que ya venían anunciado las políticas neoliberales de los últimos 30 años.

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