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Poder ciudadano: una “tercera vía” para Talca

Por Francisco Letelier Troncoso, sociólogo y José Luis Gajardo Torres, arquitecto

Diario El centro, 11/11/2012

 En Talca, como en la mayoría de las comunas de Chile, se han alternado durante 30 años la Derecha y la Concertación gobernando la ciudad.  Cada quien ha intentado hacer lo suyo, pero al final la sensación que nos queda a las y los ciudadanos es que no hemos avanzado tanto como nos gustaría, o al menos, no en el sentido deseado: tenemos hoy una ciudad más segregada socialmente que ayer, más contaminada, más congestionada, con un gran déficit de espacio público (pese al hermoseamiento que se ha hecho durante los últimos 4 años). En Talca, cada día las personas tienen menos confianza en el otro y nuestro patrimonio arquitectónico es más pobre.  El último terremoto desbastó nuestro centro histórico, construido y consolidado durante casi 2 siglos, único lugar donde personas modestas vivían en una zona privilegiada y donde diversas clases sociales interactuaban. Hoy en nuestros barrios centrales muchos de sus antiguos habitantes deben dejar paso a nuevos edificios donde no hay lugar para ellos. Como en todas las ciudades, quienes más han ganado durante las últimas décadas no son los ciudadanos sino los que lucran con el crecimiento desordenado,  desigual y no sostenible de la ciudad.

Más allá de la alternancia de la Derecha y la Concertación en el poder, una “corriente subterránea” de organizaciones y ciudadanos ha estado trabajando sistemáticamente y en silencio. Con pocos recursos económicos, pero mucho capital social, este trabajo es una contribución notable a la construcción de una mejor ciudad: desde la defensa, creación o cuidado de un pequeño espacio público en el barrio hasta la modificación de grandes proyectos urbanos que dañan el patrimonio público y privado de miles de familias. No se explica el aumento y mejoramiento en la infraestructura pública de Barrio Norte sin la Mesa de Trabajo impulsada por sus organizaciones a principios del año 2000; tampoco los avances en el sector Carlos Trupp sin los esfuerzos de sus organizaciones durante la década de los 90´. Las mejoras del sector de Mercedes se deben en gran medida al trabajo de su Consejo de Desarrollo Local. El mejoramiento de los edificios del sector Las Américas solo fue posible por la demanda sistemática de sus dirigentes. La lucha de la Agrupación de Deudores Habitacionales “Luchando por un Futuro” logró evitar que cientos de familias vulnerables pierdan sus viviendas; la Circunvalación Sur (en construcción) se transformó en una intervención que aporta a la ciudad, en gran medida, por la participación activa de los vecinos del sector La Florida y sus dirigentes. Estos son solo algunos ejemplos de cómo las organizaciones ciudadanas  contribuyen sustantivamente a la ciudad.

Después del terremoto de Febrero de 2010, las organizaciones ciudadanas fueron protagonistas. En la emergencia, ante la perplejidad de las autoridades, fueron los propios vecinos y vecinas quienes se organizaron y preocuparon de los más desprotegidos. En muchos sectores las mismas organizaciones crearon albergues y se preocuparon por la alimentación, el cuidado de sus bienes y pusieron orden a un caótico proceso de demolición. A falta de un gobierno y un municipio en terreno, que organizara la demanda y facilitará el acceso a la ayuda, fueron los propios ciudadanos quienes se organizaron en comités e iniciaron una larga travesía para obtener sus subsidios y luego transformarlos en una real solución habitacional. Muchos otros por sus propios medios y con ayuda de familiares y amigos, comenzaron la reparación y reconstrucción de sus viviendas: en Talca el 70% de las viviendas reparadas del centro histórico no utilizo subsidio del Estado.

Al mismo tiempo que en los barrios se organizaba una reconstrucción autogestionada, las organizaciones ciudadanas se coordinaban para proponer soluciones y caminos en un proceso que no tenía una dirección clara. El Colegio de Arquitectos lideró una propuesta de Plan de Reconstrucción que fue aprobado por la totalidad del Concejo Municipal, para luego ser desechada de un plumazo por el alcalde. Por otro lado, más de 300 ciudadanos nos reunimos en torno al Cabildo de Talca en un esfuerzo de organización muy importante. Las propuestas entregadas a la autoridad luego de ese trabajo duermen en algún cajón hasta el día de hoy.

Pero a pesar del silencio de las autoridades, las organizaciones ciudadanas siguieron trabajando. El Comité de Defensa de las Escuelas Concentradas desarrolló una incansable campaña de sensibilización pública por la defensa de una de las escuelas más emblemáticas de Talca,  evitando así la demolición y el traslado de uno de los edificios de mayor valor patrimonial de nuestra ciudad. Locatarias/os del Mercado, junto a otras muchas organizaciones, sensibilizaron a los talquinos respecto de la importancia de mantener el carácter patrimonial y público del Mercado Central de Talca. El esfuerzo y la lucha incansable de Barrio Seminario, entre otros, permitió desarrollar proyectos de vivienda pos terremoto de calidad y únicos en Chile y conservar, en parte,  la rica vida de barrio.

Esta enorme caravana de organizaciones y acciones colectivas que durante los últimos 30 años han construido la ciudad, y que luego del terremoto se constituyó en la única voz en defensa de los damnificados y del patrimonio talquino, debe mirar el ejemplo de Josefa Errázuriz, alcaldesa electa de la comuna de Providencia. No se trata de negar a los partidos políticos, se trata de invitarlos a ponerse al servicio de los ciudadanos y ciudadanas, sus organizaciones, sus luchas y desafíos. La derrota de Alexis Sepúlveda y la victoria de Juan Castro, no representa, a nuestro juicio, la consolidación de un ciclo de la derecha en el gobierno de la comuna (tampoco un paréntesis para el retorno de la Concertación), sino el punto de partida para gestar una nueva mayoría ciudadana para Talca. Una mayoría que durante 30 años ha trabajado incansablemente por mejorar la ciudad y que hoy, con el ejemplo que lidera Josefa Errázuriz, tiene el desafío de pasar desde el silencio del trabajo comunitario y ciudadano, a la construcción seria y decidida de una nueva alternativa para Talca, capaz también de motivar a las más de 70.000 personas que no votaron el domingo pasado.

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