SURMAULE

ONG

Las grietas de la reconstrucción

Por Marta Cortés-Monroy – Diario El Centro, 24/02/2013

El 27 de febrero de 2010, cerca de 9 mil familias abandonan el centro de Talca dejando atrás sus casas entre escombros, destruidas, inhabitables. El casco histórico de la ciudad se va quedando irremediablemente medio vacío; con el 51% de sus lotes afectados por el terremoto. Después, durante meses que fueron años, vendría la reconstrucción.

 A tres años del 27-F, tres profesionales de la ONG Surmaule y del Centro de Estudios Urbano Territoriales (CEUT), Universidad Católica del Maule, llevan a cabo un catastro que da cuenta de cómo y por dónde avanza la reconstrucción en el casco histórico de Talca.

Como punto de partida vale consignar que, de un momento a otro, el terremoto del 2010 deja a la zona patrimonial de la ciudad medio vacía. Allí se iba a concentrar gran parte del daño total registrado en Talca. En esta parte del área urbana, el 51% de sus viviendas presentó daños severos y, por lo tanto, se desocupan. Removidas por la emergencia, cerca de 9 mil familias sin casa migran del centro a la periferia.

Desde entonces, el 42% de las viviendas afectadas en la zona por el 27-F, siguen en la misma situación: destruidas o como un sitio eriazo. Las miles de familias que antes habitaron allí, a tres años del desastre, siguen sin casa y sin barrio: esperan volver o se arman de paciencia hasta recibir las llaves de un nuevo hogar.

Por su parte, 500 familias retornaron a vivir al centro, ahora en mediaguas o en condiciones precarias.

¿Va lenta la reconstrucción en Talca? De acuerdo al catastro, el último año, avanzó menos del 3%.

 

Construcción versus reconstrucción

Alejandra Rasse, parte del equipo CEUT, explica que “podríamos hablar de un abandono de la reconstrucción, pero también podríamos decir que más bien estamos en un proceso de desarrollo inmobiliario de los barrios más interesantes, orientado a familias con mayores ingresos que los que habitaban antes el sector; y de deterioro de los barrios menos interesantes, que continúan con sitios eriazos, mediaguas y lotes usados como bodegas”.

Y agrega: “la reconstrucción de los barrios se pensó para ser hecha desde los privados: al reconstruirse las viviendas, se reconstruirían los barrios. Sin embargo, un barrio es más que un puñado de viviendas”.

La situación descrita por Rasse habla de una nueva configuración en el centro urbano de la capital maulina, donde la ley del mercado demarcó los límites.

Francisco Letelier, otro de los expertos que participó del catastro, da más luces al respecto. Señala que antes de que el terremoto sacudiera al casco histórico, sus vecinos, muchos de bajos ingresos, revertían su vulnerabilidad gracias al lugar de residencia. El acceso a servicios, comercio, las condiciones de conectividad, seguridad y de red comunitaria presentes en el sector, eran claves en su estrategia de subsistencia.

Hoy, sin embargo, el barrio central de Talca se vuelve cada vez más homogéneo permitiendo, por un lado, el asentamiento de residentes de clase media y, por el otro, dejando sin oportunidades de reinserción a los vecinos con menos recursos.

De ahí el llamado de Letelier es a desarrollar en el casco urbano un plan de densificación urbana en la modalidad de integración social. Esto es: a ejecutar proyectos públicos que permitan que familias de diferentes estratos socio económicos vivan allí.

El estado

Queda otro elemento en cuestión: si el proceso de reconstrucción en el casco histórico ha sido lento y a la medida del mercado inmobiliario; si la nueva configuración socio económica del centro impide el retorno de sus antiguos residentes, ¿no son los subsidios una forma de facilitar el acceso de las familias damnificadas a una solución de vivienda definitiva en las condiciones previas al 27-F?

Un dato que sorprende del catastro Surmaule-CEUT es que solo 3 de cada 10 familias consiguieron una nueva casa o la repararon después del terremoto gracias al estado. El resto de los damnificados lo hicieron mediante la autogestión: ni subsidios ni bonos en el 70% de los casos.

Todo indica, entonces, que la ayuda pública para la reconstrucción pasó por alto a qué tipo de personas debía auxiliar. Una gran porción del universo de afectados no cumplían con las condiciones requeridas para acceder a los beneficios. Letelier apunta que las autoridades mantuvieron a la ley de la oferta inmobiliaria como reguladora de la demanda social.

En situaciones más favorables, hay que aclarar, ciertos grupos obtuvieron la casa propia, pero en un barrio distinto y distante a kilómetros del casco histórico; allá, en la periferia.

Próximos pasos

El principal propósito del catastro Surmaule-CEUT ha sido recabar información que las autoridades centrales y municipales no consideran en su evaluación del proceso. Desde ahí la promoción del debate a nivel de gobierno y del manejo de datos fiables en la comunidad.

Sin embargo, Gabriele Gomiero, otro de los miembros del equipo menciona que del estudio surgen ciertas líneas de acción, orientadas a enfrentar la reconstrucción del casco histórico con su larga lista de pendientes:

  • Reconstrucción territorial: generar un diagnóstico de los requerimientos y capacidades de cada barrio. Con la participación de los vecinos, y el involucramiento del gobierno local como bases del proceso.
  • Densificación con integración social: desarrollar un plan de densificación urbana en la modalidad de integración social: ejecutar proyectos públicos que permitan que familias de diferentes estratos socio económicos compartan el territorio.
  • Promoción del retorno al barrio: instauración de nuevos incentivos que consideren las particularidades de las familias que debieron abandonar el centro histórico.
  • Registro de familias damnificadas que tienen subsidios sin ejecutar o en ejecución, a fin de evitar dar “término administrativo” a la reconstrucción, solo a partir de la asignación de las ayudas.
  • Subsidio de arriendo: ampliación del beneficio a familias damnificadas que se encuentran en situación de allegadas, destinado hasta ahora solo para personas que viven en situación de “aldea”.
  • Regularización de la auto-reparación: revisión de la calidad en la construcción de viviendas, producto de la autogestión que involucra al 70% de los damnificados con solución habitacional. Y siempre que fuera necesario, asignación de recursos para complementar o mejorar los trabajos realizados.

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