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ONG

Una mirada sobre la ruralidad

Por Marta Cortés-Monroy Jara – Diario El Centro, 29/03/2013

Una nueva plataforma de reflexión e investigación social se articula en la región. El Observatorio de la Ruralidad en el Maule ha puesto su atención en la problemática del campo más allá de la pobreza. Los daños del 27-F están en la mira.

La ruralidad, su identidad y desafíos han concentrado a la Universidad Católica del Maule (UCM), a la Fundación Superación de la Pobreza y a ONG Surmaule, en un trabajo común: acercarse a la problemática rural conformándose en un observatorio; un espacio de reflexión, investigación y divulgación de la realidad que, a ojos de sus propios protagonistas, se asocia con una menor cantidad y calidad de oportunidades respecto a la ciudad.

Es a partir de esta exclusión -acentuada por los efectos del terremoto y tsunami del 27/F- que en conjunto con el Centro de Estudios Urbano Territoriales (CEUT), el Observatorio de la Ruralidad en el Maule se ha propuesto para el 2013 abrir la discusión a otras instancias, incluyendo a los habitantes del campo que, hasta ahora, han sido excluidos del proyecto de desarrollo que los convoca,  así como del proceso de reconstrucción -que al 31 de diciembre del año pasado presentaba un avance del 53%, según cifras oficiales.

La incómoda ruralidad

Rodrigo Olivares, jefe territorial Maule Sur de la Fundación Superación de la Pobreza, entiende que la falta de atención a la problemática campesina tiene que ver, en primer término, con que “la ruralidad es incómoda para el funcionamiento del modelo de desarrollo; es incómoda porque representa lo atrasado, lo no deseado, lo precario, lo aislado, lo de complejo acceso, lo pintoresco”. En segundo lugar -agrega-, “la ruralidad, se ha transformado en un territorio de fácil explotación, sin mayores regulaciones”.

Así, ser parte del mundo rural  maulino arroja paradojas como la siguiente: “hoy se puede vivir en la ruralidad sin tener tierra”, dice Olivares. Y detalla sobre los efectos del terremoto que “la reconstrucción en la ruralidad ha sido poco pertinente en lo habitacional, cultural, geográfico y ambiental” por la ausencia de una política pública específica y la acción del mercado inmobiliario como regulador del proceso”.

En términos más generales, y mirando el aspecto económico, Stefano Micheletti de ONG Surmaule, advierte que las economías rurales logran con mucha dificultad un equilibrio duradero y sostenible de la producción, sin la ayuda y el subsidio estatal, “señal clara de las dificultades que conlleva apostar por un modelo de desarrollo centrado solamente en la agroindustria”, concluye.

 

El terremoto y el campo

Hoy, desde la óptica del Observatorio, vivir en el campo maulino no es fácil. Menos después del 27/F. Ni siquiera, indican los expertos, se tiene acceso a un registro total del daño en las zonas rurales de las comunas maulinas, donde el desastre dejó huella.

Con todo, hay que mencionar que según el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, la cantidad de damnificados en las veintiséis comunas rurales del Maule suman 42.737, casi el doble de los cuantificados en las cuatro capitales regionales.

Pero más allá de las cifras, el contexto de reconstrucción fuera de la ciudad es complejo. Dificultades de acceso a la oferta de soluciones, dispersión geográfica de sus habitantes, débil gestión de los gobiernos locales, de las propias familias y bajo atractivo para la intervención de las empresas inmobiliarias; marcan la situación.

Micheletti subraya que la reconstrucción en sectores rurales debió considerar una mayor participación del estado: “dejar al mercado la tarea de reconstruir en estos territorios, ha significado marginarlos de la posibilidad de recuperarse a nivel habitacional tras el terremoto, como manifestaron hace poco varios alcaldes de la región”.

Por consecuencia, las soluciones de vivienda han considerado construcciones estandarizadas y agrupadas (tipo villorrios) que poco tienen que ver con las tradicionales casas del campo maulino, capaces de albergar familias extendidas, desarrollar economías domésticas o actividades silvoagropecuarias y testimoniar, en muchos casos, la historia patrimonial de las localidades donde están.

La Ruta de las Caletas del Maule

Desde el Centro de Estudios Urbano Territoriales (CEUT), Alejandra Rasse y Claudia Concha desarrollan una investigación sobre el caso Ruta de las Caletas del Maule; proyecto que lideró la empresa minera Antofagasta Minerals con una inversión cercana a los 5mil millones de pesos.

Según explican las académicas en su informe preliminar, esta iniciativa se concibió tras el 27/F como una oportunidad de desarrollo productivo para las localidades pesqueras; combinando la reconstrucción de las caletas con la creación de restaurantes y la consiguiente explotación del turismo en la zona.

Cabe señalar, que ante el planteamiento de la minera, la Ruta contó con el apoyo de autoridades regionales y locales, siendo acogida también por los pescadores. Pero en su transcurso, enfrentó una serie de problemáticas que han llevado al desuso de la mayoría de los restaurantes construidos.

“El plan no ha conseguido implementarse tal como se pensó. Una de las dificultades mayores ha sido la gestión de los locales de comida que, en el mejor de los casos, han arrendado emprendedores gastronómicos que no necesariamente pertenecen a las localidades damnificadas”, indica Claudia Concha.

De acuerdo a las investigadoras, el proyecto se enfrenta a lecturas distintas entre los actores involucrados. Así, la idea de la ruta gastronómica partió desde el mundo privado para ser ajustada participativamente con los habitantes de cada localidad. “Y esto llevó a que, en varios de los casos, el proyecto no se adecuara a la realidad de cada territorio”, aclara Concha.

Adicionalmente, la relación entre los privados, gobiernos regionales y locales no fue fluida. “Cada actor tenía distintas expectativas y concepciones respecto a su rol y el de los demás, por lo que en muchos aspectos hubo vacíos que, por una parte, retrasaron y dificultaron el proceso; y por otra, dejaron a los pescadores sin una contraparte para dialogar, y sin un representante que pudiera poner sobre la mesa sus intereses”, señala la académica.

En definitiva, para muchos pescadores la instauración de una nueva actividad productiva quedaba lejos de cubrir sus necesidades. “el restaurante no es visto como una oportunidad de negocio porque, según cuentan los pescadores, este tipo de actividad no corresponde a lo que ellos saben y quieren hacer. De ahí que el objetivo del proyecto debió ser la reconstrucción de lo que tenían previamente, como oficinas, cámaras de frío y salas de reunión”.

El informe de Rasse y Concha añade que las obras han presentado deficiencias constructivas, pero que “dado que la ejecución del proyecto fue supervisada por la minera, y la obra pertenece al estado, los pescadores no tienen las atribuciones suficientes para subsanar tales deficiencias”.

Las conclusiones expuestas sobre uno de los casos más emblemáticos de reconstrucción en el borde maulino, se circunscriben a un estudio cualitativo en curso, que consideró entrevistas a los sindicatos de pescadores de las seis caletas del Maule -Boyeruca, Duao, Pellines, Loanco, Pelluhue y Curanipe-, líderes comunitarios locales, autoridades municipales, SERNAPESCA, Dirección de Obras Portuarias y Antofagasta Minerals.

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